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29 de junio de 2010

Sobre el Mundial XIX:

Algunas ideas sobre lo que dejaron los octavos de final:


-Solamente dos partidos fueron a alargue, y apenas uno a penales. Eso es una pauta de cómo los equipos que debían ganar ganaron. No precisaron de tiempo extra, hicieron su trabajo en los 90.


-Me encanta la idea de cuatro equipos sudamericanos entre ocho. A ver si nos damos cuenta de que nuestra eliminatoria es de las más difíciles y sin dudas la más pareja.


-De todos los equipos en los cuartos de final, sólo cuatro levantaron éste trofeo (o el Jules Rimet) alguna vez: Argentina, Uruguay, Brasil y Alemania. Está bueno que nuevos equipos se acerquen a éstas instancias.


-España sigue avanzando, pero no convence. Algunos momentos de hoy estuvieron cerca de lo que saben hacer.


-Llorente hizo más en media hora que Torres en todo el Mundial. El de Athelic de Bilbao mantuvo ocupados a los centrales portugueses y le dio más lugar a los que saben con la pelota. Además siempre está la posibilidad de que cabecee cualquier pelota.


-Estamos acostumbrados a los arranques lentos de Brasil. Siempre son de temer. Pero otro que está avanzando calladito es Holanda, que encima recuperó a Robben. Veremos si el ex Real Madrid puede volver a marcar la diferencia contra los de Dunga.


-Alemania volvió a ser algo de lo que mostró contra Australia. Y eso significa que son de temer. Tienen mucha movilidad en ataque, y a uno de los mejores jugadores del torneo (Öezil). Además para ellos juega Klose, uno de los delanteros mas subvalorados del fútbol europeo, pero que siempre rinde en la selección (50 goles en 99 partidos).


-Lo de Inglaterra y lo de Portugal fue lamentable. Por suerte la competencia sigue castigando a los equipos amarretes.


-Mañana y el jueves serán los primeros días sin partidos tras 19 jornadas seguidas. A esta altura puedo decir que tengo una adicción a éste deporte, por lo que las próximas 48 hs serán muy duras. Me imagino que terminaré recurriendo al archivo.


El viernes ya comienzan los cruces de cuartos. A las 11.00 van Holanda – Brasil y a las 15.30 Uruguay – Ghana. El sábado es el turno de Argentina – Alemania a las 11.00 y más tarde jugarán Paraguay – España.


Hasta ahora hemos tenido un lindo Mundial. Sinceramente esperaba menos buenos partidos, y mucha más lucha. Pero cuando los luchadores se quedan afuera, el momento de los jugadores empieza.


P.D.: Con éste asado festejaron los uruguayos. Diego Forlán es el camarógrafo.


18 de junio de 2010

Está todo arreglado:

Estaba todo armado. Todos los detalles habían sido repasados una y otra vez. El plan era perfecto, o por lo menos eso creían. “Todos los encuentros del Grupo C serán empates” sentenció el líder del escuadrón anti-fútbol, y todos acordaron.


Primer partido:

Había sido aclarado miles de veces en todas las reuniones previas. Debía terminar 1 a 1 “para no levantar sospechas”. Entonces decidieron que era mejor si el equipo con más pergaminos abría el marcador por supuestos méritos propios.

Para la igualdad optaron por algo un poco controvertido para algunos de los especialistas, pero en definitiva sería un error del arquero el que sellaría el marcador.


Sin problemas hasta aquí.


Segundo partido:

Los otros dos conjuntos habían sido muy efectivos en el cumplimiento del plan. Ahora era el turno de ellos, los menos conocidos. El acuerdo dictaba que nuevamente debía ser 1 a 1, con ambos goles en el primer tiempo, y un segundo período completamente olvidable. Pero esta vez, las cosas se complicaron.

Tras el 0 a 0 de la primera etapa, y con ninguno de los dos equipos con posibilidades de convertir, los nervios empezaban a crecer. Inclusive llegó a correr a un rumor que abría la posibilidad de que los Jefes de Estado de ambos países habían bajado al vestuario para asegurarse de la cooperación de los jugadores. “Quédese tranquilo” dijeron ambos capitanes. Sin embargo no pudieron cumplir con la promesa.

Otro error de un arquero, nuevamente predefinido, era el que iba a abrir el score. Así fue como uno de los volantes tiró al arco, y el guardameta dejó entrar a la pelota como Jabulani por su casa. El empate tendría que haber llegado con un cabezazo desde un tiro de esquina. Pero ese corner nunca se tiró. Y los planes fueron arruinados.


Pasaron varios días, y los representantes del escuadrón anti-fútbol seguían sin reunirse tras el traspié del segundo partido. Hasta que alguno levantó el teléfono y decidieron juntarse nuevamente. El resultado de aquella charla fue positivo. Decidieron que el plan seguía firme, por más que ya no podía salir a la perfección.


Tercer partido:

Éste sería el más emocionante para todos, porque aquí se ponían a prueba no sólo a los jugadores, sino también al árbitro del partido, que iba a jugar un rol importante en el empate a conseguir.

La trama dictaba que la selección más débil marcaría dos tantos antes de finalizar los primeros 45 minutos. A la vuelta del descanso, el equipo que iba perdiendo debía descontar el marcador. El resultado se iba a mantener hasta los últimos 10 minutos, cuando la igualdad llegaría.

Ahora era el momento del réferi. Cuando se jugaran los últimos instantes, el conjunto que en un principio iba perdiendo, anotaría un gol realizando una remontada histórica. Pero éste sería anulado por el juez por una supuesta falta en ataque.


De esta forma, cualquier desconfianza que surgiera hacia los jugadores iba a ser descartada. Todo ocurrió tal como lo planearon.


Cuarto partido:

A priori era el compromiso más difícil de asumir, porque la diferencia en calidad de las dos selecciones era notable, y muy complicada de disimular. Sin embargo, los 22 protagonistas se propusieron cumplir con el plan, y lograron su cometido. Ésta vez, y tras los problemas sufridos en el segundo encuentro, debía ser un simple y aburrido 0 a 0. “Nada de complicaciones” ordenó el líder del escuadrón.

Unos minutos antes del comienzo del partido, la Reina llamó a su capitán para pedirle que ni siquiera intenten desde afuera del área. Sus jugadores le hicieron caso, y proporcionaron un espectáculo tan aburrido como pudieron. El éxito fue rotundo una vez más.


Dos tercios de la estrategia ya están cumplidos. “Tres empates en cuatro partidos es una buena cosecha” me confesó uno de los cerebros de la operación, de nombre Carlos Salvador.


Por más que el escuadrón anti-fútbol no acepta cometer errores, saben que hasta ahora han hecho “un buen trabajo”. “Además”, dicen, “tenemos dos partidos más para lograr el objetivo…”.