Segundo día de definiciones, y hoy todo estaba mucho menos claro que ayer. Los ocho equipos tenían la posibilidad de pasar a la siguiente ronda, o ser eliminados. Al final siguen los que mejor hicieron las cosas en sus grupos.
En el Grupo C Estados Unidos fue primero e Inglaterra segundo. Lo curioso es que los ingleses jugaron contra Eslovenia, y cuando ya había finalizado el partido, eran los dos conjuntos europeos los que se estaban clasificando. Hasta que el mejor jugador yanqui, Landon Donovan, apareció para poner el 1 a 0, para pasar a ser los líderes del grupo y para dejar segundo a los británicos y afuera a los eslovenos.
Sin dudas fue el peor grupo de todos, por lo menos hasta ahora.
El Grupo D también tenía el condimento de la derrota de Alemania en la segunda fecha, lo que obligaba a los germanos a ganarle a Ghana para clasificarse, o empatar y depender de otros. Pero su mejor jugador, el joven Özil, no quiso saber nada con el empate, y en el segundo tiempo metió éste golazo para darle la ventaja definitiva a los dirigidos por Joachim Löw.
El otro partido fue entre Serbia y Australia. Los dos tenían posibilidades de avanzar a los octavos de final, pero los serbios dependían exclusivamente de otros resultados, y los de Oceanía esperaron por una derrota germana que nunca llegó. Fue 2 a 1 para Australia que dejó una mejor imagen de lo que pensaba.
Ya tenemos cuatro cruces armados, y hay un dato que es interesantísimo: entre Uruguay, Corea del Sur, Estados Unidos o Ghana saldrá uno de los semifinalistas de éste torneo. Es por lo menos sorprendente. Para ponerlo en términos tenísticos: los uruguayos tienen un buen cuadro para avanzar en el Mundial.
Estaba todo armado. Todos los detalles habían sido repasados una y otra vez. El plan era perfecto, o por lo menos eso creían. “Todos los encuentros del Grupo C serán empates” sentenció el líder del escuadrón anti-fútbol, y todos acordaron.
Primer partido:
Había sido aclarado miles de veces en todas las reuniones previas. Debía terminar 1 a 1 “para no levantar sospechas”. Entonces decidieron que era mejor si el equipo con más pergaminos abría el marcador por supuestos méritos propios.
Para la igualdad optaron por algo un poco controvertido para algunos de los especialistas, pero en definitiva sería un error del arquero el que sellaría el marcador.
Sin problemas hasta aquí.
Segundo partido:
Los otros dos conjuntos habían sido muy efectivos en el cumplimiento del plan. Ahora era el turno de ellos, los menos conocidos. El acuerdo dictaba que nuevamente debía ser 1 a 1, con ambos goles en el primer tiempo, y un segundo período completamente olvidable. Pero esta vez, las cosas se complicaron.
Tras el 0 a 0 de la primera etapa, y con ninguno de los dos equipos con posibilidades de convertir, los nervios empezaban a crecer. Inclusive llegó a correr a un rumor que abría la posibilidad de que los Jefes de Estado de ambos países habían bajado al vestuario para asegurarse de la cooperación de los jugadores. “Quédese tranquilo” dijeron ambos capitanes. Sin embargo no pudieron cumplir con la promesa.
Otro error de un arquero, nuevamente predefinido, era el que iba a abrir el score. Así fue como uno de los volantes tiró al arco, y el guardameta dejó entrar a la pelota como Jabulani por su casa. El empate tendría que haber llegado con un cabezazo desde un tiro de esquina. Pero ese corner nunca se tiró. Y los planes fueron arruinados.
Pasaron varios días, y los representantes del escuadrón anti-fútbol seguían sin reunirse tras el traspié del segundo partido. Hasta que alguno levantó el teléfono y decidieron juntarse nuevamente. El resultado de aquella charla fue positivo. Decidieron que el plan seguía firme, por más que ya no podía salir a la perfección.
Tercer partido:
Éste sería el más emocionante para todos, porque aquí se ponían a prueba no sólo a los jugadores, sino también al árbitro del partido, que iba a jugar un rol importante en el empate a conseguir.
La trama dictaba que la selección más débil marcaría dos tantos antes de finalizar los primeros 45 minutos. A la vuelta del descanso, el equipo que iba perdiendo debía descontar el marcador. El resultado se iba a mantener hasta los últimos 10 minutos, cuando la igualdad llegaría.
Ahora era el momento del réferi. Cuando se jugaran los últimos instantes, el conjunto que en un principio iba perdiendo, anotaría un gol realizando una remontada histórica. Pero éste sería anulado por el juez por una supuesta falta en ataque.
De esta forma, cualquier desconfianza que surgiera hacia los jugadores iba a ser descartada. Todo ocurrió tal como lo planearon.
Cuarto partido:
A priori era el compromiso más difícil de asumir, porque la diferencia en calidad de las dos selecciones era notable, y muy complicada de disimular. Sin embargo, los 22 protagonistas se propusieron cumplir con el plan, y lograron su cometido. Ésta vez, y tras los problemas sufridos en el segundo encuentro, debía ser un simple y aburrido 0 a 0. “Nada de complicaciones” ordenó el líder del escuadrón.
Unos minutos antes del comienzo del partido, la Reina llamó a su capitán para pedirle que ni siquiera intenten desde afuera del área. Sus jugadores le hicieron caso, y proporcionaron un espectáculo tan aburrido como pudieron. El éxito fue rotundo una vez más.
Dos tercios de la estrategia ya están cumplidos. “Tres empates en cuatro partidos es una buena cosecha” me confesó uno de los cerebros de la operación, de nombre Carlos Salvador.
Por más que el escuadrón anti-fútbol no acepta cometer errores, saben que hasta ahora han hecho “un buen trabajo”. “Además”, dicen, “tenemos dos partidos más para lograr el objetivo…”.